Terciarios Capuchinos
Modelo Pedagógico
La pedagogía Amigoniana siempre ha considerado al hombre como un proyecto de amor y, en consecuencia, ha orientado de forma primordial su acción educativa a acompañar a sus formandos en el fascinante y comprometido itinerario hacia su propio crecimiento y maduración en la alteridad y en sus problemas. El padre Luis Amigó se refería a ellos con expresión y sentimiento “jóvenes apartados del camino de la verdad y del bien”. (AMIGÓ, L. OC, 1780). El sistema pedagógico amigoniano parte de la transformación del interior de la persona y afirma que recuperación del niño, adolescente o joven es un camino gradual y progresivo que le forma y educa desde la voluntad.
Modelo Pedagógico

Identidad Amigoniana

 

La Identidad Amigoniana siempre se ha desarrollado como pionera en la formación y educación que se enraíza desde el principio de la historia de los Religiosos Terciarios Capuchinos, estos se han distinguido por su labor y por la  importancia que le dan a  los principios y valores que desde los inicios fueron infundidos por nuestro fundador, Fray Luís Amigó, siendo estos motivados por la fe y su vocación de servicio. Desde los inicios, los primeros frailes,  voluntariamente asumieron y dedicaron toda su vida como misión y apostolado trabajando con niños y jóvenes en situación de exclusión social.

A partir de sus  prácticas, nació la Pedagogía reeducativa cimentada por el espíritu y el carisma Amigoniano, la cual marcó desde un principio una forma de ser y hacer en el desarrollo y en la transformación de los procesos de atención y de formación que se dan en los diferentes lugares que la Congregación dirige en muchas partes del mundo. Así mismo, sentaron  las bases para la formación humanística de los profesionales que se forman para este propósito y  ayudar a los más necesitados a buscar soluciones que  se desprenden de los aportes que cada uno de nosotros tiene para dar a los demás como lo es “el amor y la misericordia”.  Estos principios inspiradores que nos identifican, que forjan profesionales que dan identidad y sentido a sus Proyectos de Vida personales y a la vez los contextualizan desde la identidad Amigoniana y su experiencia formadora del ser.

Para ser más concretos cuando hablamos de Identidad Amigoniana, nos damos cuenta que nace de  una concepción antropológica del ser humano. Este  debe pensar y razonar ante circunstancias que le indican que tiene que hacer y después desarrollarlas y darles conclusiones para su uso íntimo y para su crecimiento personal; la ciencia pedagógica se encuentra en el hombre su punto referencial y primordial, su “Alfa y su Omega”. (Juan Antonio vives. “Identidad Amigoniana en Acción”). “Todo sistema pedagógico se sustenta o se apoya en los ideales antropológicos ya que es necesario que toda metodología que se trate, surja o se articule, después de la visión de dicho ideal”.

 

La antropología para nuestro padre fundador se encuentra en sus pensamientos, sus sentimientos vitales y su actuación.  La antropología del “ser” que sirve de modo fundamental para toda la cultura cristiana, y que hace ver al hombre como un ser referencial, único y relacional fundamentado en principios que se caracterizan por formar  a la persona desde el ser. En la pedagogía amigoniana se le da al joven oportunidades de vivir en el amor y la esperanza, conviviendo con otras personas que, por muchas circunstancias, se encuentran en las mismas situaciones en la que se encuentra muchos de estos jóvenes.

El niño, adolescente  o joven se verá forzado a cambiar muchas de sus falencias que vinieron con ellos desde el principio de su formación, despertando en ellos muchísimas cualidades que le aportaran  beneficios cuando se encuentra  en grupo o en comunidad con los demás jóvenes o compañeros. Se busca que  el niño, adolescente  o joven supere la tendencia al autoencerramiento egoísta, dándose a los demás, siendo comprensivos y dando acogida a los demás.

 

El Amor

Nuestro padre fundador se basó en las Sagradas Escrituras para fundamentar su pedagogía, este es un verdadero sustento cristiano, “El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, cuya verdadera identidad es el amor”, dicho de otra manera el hombre fue creado para amar y encuentra su felicidad y su “verdad” en la medida en la que aprende amar.

El hombre que  no crece en amor hace de su vida una gran mentira ya que la verdad de la vida está en el amor, porque sólo en él encontramos la plena satisfacción y el gratificante sentido a la vida humana y este amor se personifica en un ser puro y benevolente capaz de envolvernos y transformarnos en personas totalmente nuevas, siendo heraldos del evangelio para llevar la buena nueva a nuestros jóvenes que tanto lo necesitan y servir a nuestros hermanos en todo. El hombre fue creado para amar, su amor no tiene límites el cual está fundamentado en Dios, es mejor dar que  recibir, el amor transforma al ser y lo hace amante de la creación del Señor y lo hace partícipe de su salvación.

El amor para nuestro padre fundador, significaba  “el inmóvil que impulsa al hombre en todos sus actos, desinteresado, recto y conforme a la razón las más veces; egoísta, sensual y acomodado a sus apetitos, otras muchas, siempre resulta que el eje alrededor del cual giran todos sus deseos, afectos y operaciones es el amor; porque para amar fue creado y el amor es la función necesaria de su corazón que no puede vivir sin amar. Porque Dios, que le hizo a imagen viva de Sí, quiso que participara de su misma vida, que es amor… sin el amor, el hombre está muerto…Formado el corazón del hombre para amar, el amor es su vida. Amar su función capital y el centro a que naturalmente se dirige”.(Cf Amigó, L. OC, 331, 338 y 520. C)

 

La Felicidad

En su afán por acompañar a sus formándos en el proceso de ir encontrando sentido a su propia existencia, mediante el crecimiento integral del amor, la pedagogía Amigoniana ha tenido siempre presente en su praxis educativa el referente de la felicidad.

La felicidad vendría a ser , en definitiva, ese tesoro escondido de que habla el Evangelio, es decir, ese sentido gratificante de la propia existencia, que cuando uno llega a descubrirlo, ya no le importa poner el propio ser, hacer y tener a su servicio, ya no le importa orientar toda la vida a su provecho.

En íntima conexión con lo anterior, el recurso a las propias experiencias de felicidad vividas cada uno de nosotros, puede contribuir también a contrarrestar, con garantía de éxito las tristes influencias que da cara al desarrollo integral y feliz de la persona a su mejoramiento y progreso de su ser. Sólo el sentimiento de la felicidad como calidad de referente y norte del ser humano, puede conducir a la plena, armonía y madurez humana del propio proyecto de vida de la persona; la felicidad constituye un verdadera ayuda al bienestar y ánimo del ser humano y cuando se trata de reeducación la felicidad juega un papel importantísimo en el proceso del joven y su estado de ánimo positivo conlleva a que no decaiga en estrés y varios problemas que se ven en casas de reeducación.

 

El Carisma

La palabra “Carisma” se origina del griego, se traduce como “Don, Regalo u obsequio”. Mirando esto en un contexto cristiano, el carisma sería un sinónimo de regalo que el Señor hace a cada persona o grupo de fe. Los regalos de Dios son siempre regalos para dar y para ofrecer, es mejor dar que recibir, si practicáramos eso, el resultado sería un ser para el amor.

El carisma es característica talante del ser y del hacer, su parentesco más cercano es el amor, para la Amigonianidad su carisma  se sustenta en el amor, que es escala de valores propuesta por Cristo en sus bienaventuranzas. En si  todos los demás valores cobran mucha vida y colorido desde el amor y todos ellos son válidos y apreciables en la medida que se reflejan y trasmiten amor. El talante específico del ser y hacer de una comunidad se distinguirá, en consecuencia, por fundamentarse en el crecimiento la persona por el amor. Un crecimiento en el que la espiritualidad y humanidad se perciben y viven como respectivas de una misma realidad vital.

 

La Simpatía

Ser sensible y saber amar, son factores que tienden al sentimiento de que  la persona se sienta querida, respetada y amada por los demás, detrás de esto hay una percepción  que le ayuda a crecer, el cual es el “amor”. El afecto verdadero se encuentra el secreto de la recuperación personal. Cuando el individuo se siente querido, valorado y acogido, nace de él una capacidad de sentir y de expresar también ese amor y devolverlo con cariño y respeto a aquellas personas que se lo han dado. La empatía es la capacidad de sincronizar con la otra persona lo mismo que ella sienta, compartir, el dolor, el sufrimiento y las demás adversidades que lo quejan, no solamente sentir cosas negativas sino que también sentir felicidad porque otra persona  está feliz, dar amor porque otra da amor, y así esto sería un ciclo de sentimientos que ayudan a la persona a vivir plenamente los valores que constituyen una sociedad.

 

La Pedagogía

Dentro del amplio círculo de lo que hoy se denomina “pedagogía” el quehacer amigoniano se ha centrado primordialmente en los “niños, adolescentes y jóvenes en el conflicto con la ley”. Tales niños, niñas y adolescentes (Sujetos de Derecho) se han caracterizado mucho y de un modo particular, en relación a la experiencia histórica de los propios Amigonianos a la “desorientación ante la vida”. La pedagogía Amigoniana siempre ha considerado al hombre como un proyecto de amor y, en consecuencia, ha orientado de forma primordial su acción educativa a acompañar a sus formandos en el fascinante y comprometido itinerario hacia su propio crecimiento y maduración en la alteridad y en sus problemas. El padre Luís Amigó se refería a ellos con expresión y sentimiento “jóvenes apartados del camino de la verdad y del bien”. (AMIGÓ, L. OC, 1780)

En nuestra pedagogía enseñar el amor y acoger a los niños,  adolescentes y jóvenes,  es una tarea que significa tener compromiso y voluntad, vivir plenamente el evangelio, compartir con ellos el valor de la vida  a través de Cristo que es imagen de libertad y de amor. La conversión es un camino pedagógico que lleva al joven a mirarse a sí mismo, sus falencias y tratar de cambiar su pensamiento cerrado, por uno que realmente le ayude a cambiar y a empezar de nuevo, más que arreglar un pasado que le traerá seguramente malos recuerdos que conllevan al retraso de su reeducación y su formación como nuevo ser que empieza a vivir una nueva vida, transformando actitudes egoístas en actitudes generosas o altruistas que permitan crecer, favoreciendo  su humanización hacia valores que fundamentan su desarrollo  y la actitud de entrega, servicio y solidaridad.

En el sistema pedagógico, la transformación del interior de la persona y a la concepción de la recuperación del joven a un camino gradual y progresivo le conlleva a un mejoramiento en su formación y en la educación de su voluntad.

“Acompañando al joven desviado del camino de la verdad y del bien” guiando a la persona hacia el ideal humano que es modelo de Jesús por excelencia y la fe que es un importantísimo medio para favorecer el cambio de la persona y de la sociedad en la que se desarrolla el individuo, donde se ejerce internamente en la educación parte principal del comportamiento del ser que empieza por la familia (Escuela principal ser humano y dadora de valores y virtudes) y que después de ésta se complementa en la escuela para el desarrollo intelectual de la persona. La educación respeta las creencias y no la hace caer en fundamentalismos.

 

Nuestra pedagogía está siempre abierta a la transmisión de la fe, esto no se supone una contradicción; una cosa es que se obligue a aceptar el mensaje de fe, otra, que no se ofrezca a quienes voluntariamente quieren aceptarlo y negarles de muchas maneras el derecho a su libertad de expresar sus ideales y creencias.

Por otra parte la necesidad de adaptar todos los contenidos esenciales de la pedagogía Amigoniana la cual se fundamenta en valores cristianos, que se manifiestan en realidad política, social, religiosa y cultural del hombre actual, este busca y se basa el aporte de las ciencias de la educación y de las ciencias sociales tales como pedagogía, psicología, sociología, antropología, Derecho entre otras, estas son herramientas para la construcción y enriquecimiento del sistema amigoniano.

Existen desbalances que conllevan al joven a distintos problemas  que son atendidos de forma interdisciplinar para abordar las patologias:

 

  • La interdisciplinariedad: A estas personas se les debe acompañar con expertos, para su mejoramiento.
  • Patologías: son problemas de conducta, las cuales son la inadaptación y la desadaptación;una persona inadaptada es aquella que nunca ha estado adaptada a las condiciones de la sociedad, mientras que una persona desadaptada es aquella que un momento determinado ha estado adaptada al grupo y por varias causas, abandonó este estado, para pasar a ser un adaptado”.

Según esto, una persona inadaptada es aquella que debido a varias causas de nacimiento no puede interaccionar con su medio de forma plena y adecuada, no nace con las características necesarias para relacionarse con su medio. Por otro lado, un individuo desadaptado es aquel que ha nacido con las condiciones necesarias para desarrollarse plenamente en la sociedad, sin embargo, en algunos casos, por ejemplo, por accidentes o formación indebida, ha perdido dichas características de adaptación en su entorno. Aquí juega un papel muy importante los problemas de socialización y los procesos de socialización.

La importancia de la persona, no de sus actos: la pedagogía Amigoniana se ha centralizado en atender al “ser” de la persona y no en sus “hechos”. “El sistema represivo mira el delito, en cambio nosotros miramos a la persona que ha cometido varios crímenes para rehabilitarla y levantarla”.

La esperanza de esperar: la creencia Amigoniana a cerca de la bondad del hombre, ha sido su gran incondicionalidad a la apertura, a la esperanza.

 

La Acogida Cariñosa

La acogida cariñosa del niño, adolescente o joven  que llega por primera vez a la casa, debe ser calurosa y amable, con todos los sentimientos positivos  que se debe dar en momentos tan especiales como este. Nuestra pedagogía acoge a los niños, adolescentes o jóvenes que llegan a nuestras casas debe ser con el cariño más inmenso del mundo, hacerlos sentir en casa desde el momento en que lleguen, para poder darles a entender que están aquí es para su formación a una vida nueva y hacer que se sientan queridos por todos. 

 

La Reeducación

La reeducación es el pilar básico de la intervención pedagógica. El niño o joven que no ha adquirido o no ha desarrollado los conocimientos o las habilidades adecuadas requiere de nuestra intervención pedagógica.

La reeducación es volver a enseñar aquello que no ha estado bien aprendido, que no se ha asimilado correctamente, podemos reeducar habilidades, conductas, emociones, posturas, etc. Se trata de que el niño sea capaz de conseguir una total autonomía en todos los niveles, autonomía física, en la regularización de su comportamiento, cognitiva y personal.

 

  • Atención a la  individualidad:esta se constituye mucho en la parte del sentimiento educativo amigoniano como matiz más característico. Dicho matiz  encuentra su primera inspiración en el valor evangélico de la misericordia, es decir, es el valor característico del amor que esta entretejido de fidelidad inquebrantable y de comprensión total hacia la persona concreta, y que impulsa amar más y con atención preferencial a quien presenta mayores y más urgentes necesidades o cercanías.

Frente al criterio unificador de la justicia que tiende a equipar a todos ante la ley, la misericordia se inclina por aplicar parámetros personales. La misericordia supera así la fría justicia, pero no se orienta tanta a la salvaguarda de la ley cuanto a la recuperación de la persona concreta, contemplada ésta en su individualidad y circunstancias. La misericordia no afrenta la ley, sino que la relativiza y le  devuelve ese aliento de sensibilidad humana que inspiro su nacimiento.

Se crearan ambientes naturales dando importancia y al grupo de pares y la vida de familia

 

  • Educando al  niño, adolescente  o joven en su entorno: la familia es el primer ambiente natural y necesario de la educación, la creación de un tal ambiente familiar, sin embargo, aunque se ha visto favorecida incluso por una distribución física agradable, saturada de verdor y llena de vida, ha sido, ante todo y tradicionalmente, el resultado del sentimiento educativo que han hecho propio y han testimoniado en sus actuaciones, los educadores Amigonianos.

 

Modelos de la Amigonianidad

Dentro de la dinámica del estudio del espíritu, la tradición Amigoniana ha reconocido desde sus inicios como modelos validos del crecimiento en amor y humanidad según los gamas y acentos característicos del propio carácter y estilo, al Buen Pastor, a la Virgen de los Dolores y a San Francisco de Asís.

La figura principal y central es lógicamente, el Buen Pastor, que representa a Cristo Jesús como único modelo y maestro en propiedad de toda vida cristiana; el Buen Pastor se puede encontrar su principal fuente de inspiración, los matices y acentos que distinguen el crecimiento en amor y humanidad típico de nosotros, los Amigonianos, el Buen Pastor da la vida por sus ovejas, nosotros debemos tomar el ejemplo del Señor y guiar a nuestros jóvenes por el camino del bien y llevarlos al camino de nuevo, para que comiencen una vida transformada y libre de temores.

Sin embargo, ese crecimiento típico de amor se enriquece también, de alguna manera, desde la figura de nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, en ella nuestro sentimiento Amigoniano se reviste y deslumbra fundamentalmente de la ternura y fortaleza que respira la maternidad la cual se refleja en María, nuestra Madre; ella es otro modelo a seguir, su misericordia y su preocupación nos enseña que hay que velar por nuestros jóvenes y que su amor por ellos se sienta y nazca de nuestro corazón, igual como lo sintió nuestra madre después de haber perdido el rastro de su hijo cuando se extravió en Jerusalén, ella debió preocuparse inimaginablemente y fue en busca de él. María nos sigue instruyendo a cada hora en el amor, la misericordia y la paciencia de un modo ejemplar.

En la figura de San Francisco, se relatan todos los tonos de sencillez y de servicialidad, estos valores son únicos en el que sabe ser menor en la vida (La Humildad), de quien nunca se siente superior a nadie. Hoy a estos tres modelos de vida de la Amigonianidad, hay que añadir, sin duda, la figura misma de padre Luis Amigó, por cuanto que fue él el primer dador y depositario del carisma, del delante misericordioso que distingue el ser y hacer Amigoniano, y por ser él el que, desde su vida, lo hizo testamento para sus seguidores.

 

BIBLIOGRAFIA

 

  • Obras completas del padre Fray Luis Amigó.
  • TERCIARIOS CAPUCHINOS.  Manual pedagógico.  Medellín: FUNLAM, 1985.
  • VIVES, A. Juan Antonio.  Identidad Amigoniana en Acción.  Valencia.2001.

 

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